El 21 de febrero no fue una fecha más en la agenda de recitales. Fue el cumpleaños de Pablo Olivares, y decidió celebrarlo arriba del escenario, junto a su público, en una noche que combinó potencia, cercanía y momentos que quedarán en la memoria de quienes colmaron el Teatro Vórterix.

Desde el inicio, el clima fue claro: energía sin concesiones. “Extraterrestre” abrió el concierto con intensidad, seguida por “Guerrero de tu cruz” y “Gritale al enemigo”, que rápidamente convirtieron al teatro en un coro colectivo. “Tu amor me acompañará” continuó enardeciendo a los presentes que no pararon de cantar cada estrofa.

La primera parte continuó con “With you”, “Ciego, sordo y desnudo” y “Deshumanidad”, consolidando un bloque sólido y directo. En “Conozco un pibe” y “Voy a entregar mi corazón” la conexión con el público fue total, mientras que “Yo quiero amarte más” cerró el tramo inicial de este momento íntimo plagado de emociones.

Uno de los momentos destacados de la noche fue “Si te conocieran”, que contó con la participación de Gustavo Vázquez en saxo, aportando una sonoridad distintiva y enriqueciendo la interpretación. El recorrido siguió con “En el camino”, “La historia de un carpintero” en la que hizo una analogía con su profesión de luthier, “No me olvides”, “Vénganos tu gloria” y “En la red”, manteniendo la intensidad y el compromiso escénico.

La presencia de Pablo Di Giorgio y Tery Langer en “Tú estabas aquí” y “Conmigo vas”, canciones del disco Psicotango” de Halógena que fue grabado hace más de 20 años y publicado recientemente, generó un emotivo reencuentro con una etapa clave en la trayectoria del artista. Fue un momento de memoria y reafirmación artística que el público recibió con entusiasmo.

Fiel a su estilo ecléctico, Olivares no se limitó al espacio del escenario. En varias oportunidades descendió para acercarse al público, incluso subiéndose al vallado sostenido por el personal de seguridad para cantar cara a cara con los asistentes. En uno de los temas se animó a lanzarse de espaldas al mosh, en una escena espontánea que reforzó el carácter visceral del recital. Además, en distintas canciones cedió el micrófono a la audiencia para que completara frases, consolidando un clima participativo que atravesó toda la noche.

Al promediar el concierto, su esposa Lorena Buda subió al escenario con una torta, dando lugar al tradicional “Feliz cumpleaños” entonado por todo el teatro. Fue un instante íntimo dentro de una noche intensa, donde el artista se mostró visiblemente conmovido por el cariño recibido. El tramo final con “Luz en mi vida”, “Poema de salvación” en versión punk y “En la cornisa” que dejaron al público estasiado, cerrando el show bien arriba.

Lejos de terminar con el último acorde, la noche se extendió en la vereda del teatro. Pablo salió a saludar, sacarse fotos y agradecer personalmente a quienes lo esperaban. Como recuerdo de su cumpleaños, regaló CDs entre los presentes, en un gesto que reflejó la cercanía que caracteriza su vínculo con el público.

El 21 de febrero fue mucho más que un recital: fue una celebración compartida de vida, trayectoria y música, donde artista y audiencia se encontraron sin barreras para transformar una fecha especial en una experiencia inolvidable.

PH: Maximiliano Villa

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