En un clima de comunión, formación y encuentro, la Organización de Músicos Cristianos Argentinos (OMCA) llevó adelante una nueva edición del Encuentro Nacional de Músicos, el pasado sábado 7 de marzo en la Iglesia Bautista de Ezeiza. La jornada, atravesada por el lema “La música, el idioma universal que nos une”, volvió a consolidarse como un espacio donde el arte deja de ser solo expresión para transformarse en herramienta de propósito y servicio.

Desde la apertura devocional, el espíritu del encuentro quedó marcado por una búsqueda clara: repensar el rol del músico más allá del escenario. En esa línea, las distintas exposiciones fueron trazando un recorrido profundo que puso en tensión no solo la práctica musical, sino también el contenido, la intención y el impacto de aquello que se comunica.

La primera reflexión, a cargo de Gustavo Vázquez bajo el disparador “¿Solo un medio o más que eso?”, dejó planteada una idea central que atravesó toda la jornada: la música como experiencia vital. “Para mí ha sido algo más que solamente un medio”, afirmó, al tiempo que remarcó cómo una canción puede transformarse en identidad colectiva cuando una comunidad la hace propia.

En sintonía, Alejandro Bedrossian invitó a “Recalcularndoel contenido de nuestro mensaje”, poniendo el foco en la responsabilidad del músico como comunicador. “Salir a dar un mensaje sin conocerlo a fondo es una irresponsabilidad muy grande”, expresó, subrayando la necesidad de coherencia entre lo que se cree, se vive y se canta .

El eje propuesto por Leonardo Vartanian, “Músicos guerreros íntegros con una misión”, profundizó esta mirada desde la acción concreta. Su experiencia en contextos sociales y comunitarios expuso una dimensión distinta de la música: la del encuentro con el otro. “Si tu música funciona solo en el templo, no está lista para la misión”, lanzó, desafiando a pensar el arte como puente hacia realidades más amplias .

Uno de los momentos más reveladores llegó con la exposición de Mónica Abeleira, titulada “El poder de la música está en…”, donde abordó el impacto profundo del sonido en el ser humano desde una perspectiva integral. “No se puede no escuchar… la música entra aunque la gente no quiera”, afirmó, explicando cómo la vibración sonora atraviesa el cuerpo y las emociones incluso más allá de la percepción consciente . Su enfoque reforzó la idea de que la música no es neutral: transforma, moviliza y deja huella.

En esa misma línea, Abeleira también cuestionó ciertas dinámicas actuales dentro de los espacios de adoración: “Me encontré con gente mirando… como espectadores dentro de un recital”, advirtió, señalando la necesidad de recuperar la participación genuina .

El cierre conceptual de la jornada llegó con la charla “Adoración apocalíptica”, a cargo de Juan Montiel, que aportó una mirada final sobre el tiempo presente y el rol de la adoración en contextos contemporáneos. Tal como se pudo ver en su intervención, el enfoque estuvo puesto en una adoración que trasciende lo musical para convertirse en posicionamiento espiritual frente a los tiempos actuales, invitando a los presentes a repensar no solo qué cantan, sino desde dónde lo hacen.

En medio de la intensidad de las exposiciones y los momentos musicales, también hubo espacio para el encuentro más distendido: los organizadores del evento prepararon un asado de camaradería que reunió a los participantes alrededor de la mesa, fortaleciendo vínculos y generando ese clima de cercanía que terminó de darle sentido a la jornada. Entre charlas, risas y testimonios compartidos, ese momento se convirtió en una extensión natural de todo lo vivido, donde la música dejó de ser tema para transformarse en experiencia compartida.

Luego, la teoría dio paso a la experiencia viva. La música volvió a ocupar el centro de la escena con presentaciones en vivo que reflejaron la diversidad y riqueza del movimiento: se presentaron Jorge Acosta, cantante de Gold Way Country; Emil Sing; Miguel Medina de Lumbrera La Nueva Generación; la QQD Band; Sara y el grupo Avance Urbano que viajó especialmente de Rosario junto al equipo de La Clave y Radio Milagro. Cada propuesta, desde su identidad sonora, aportó una expresión concreta de aquello que se había debatido durante el día: una música que trasciende géneros para convertirse en mensaje.

El Encuentro Nacional de Músicos 2026 dejó así una marca clara: en un contexto donde la música puede diluirse entre algoritmos, métricas y exposición constante, el verdadero desafío sigue siendo el mismo: recuperar su esencia como herramienta de transformación, encuentro y propósito compartido.

PH: Sebas Calderon

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