El pasado martes 17 de abril, en pleno feriado, Salas Ciro de Merlo fue escenario de una fecha que, lejos de quedar marcada por la improvisación, terminó consolidándose como una expresión genuina del espíritu comunitario que aún sostiene a la escena.
El encuentro surgió tras la suspensión del recital previsto en Morón —afectado por cuestiones económicas—, pero encontró en el oeste bonaerense un nuevo punto de anclaje. Allí, entre cercanía, compromiso y autogestión, público, bandas y organización lograron transformar la incertidumbre en una noche cargada de identidad. La sensación predominante no fue la de un reemplazo, sino la de una construcción colectiva.
La jornada comenzó con Alma, que asumió la responsabilidad de abrir la noche con un set extenso y sólido, marcando desde el inicio un clima de intensidad y cercanía. El repertorio recorrió temas como “No se maten”, “Cimientos”, “Tu amor”, “Todo es diferente”, “Mi eternidad”, “Antes del final2 y “Vencer”, logrando una conexión progresiva con el público. Uno de los momentos más significativos se dio cuando la banda decidió volver a interpretar “Mi eternidad”, reforzando el clima emocional y generando una respuesta inmediata desde el público. Con una propuesta que equilibra contenido y energía, Alma dejó dejó en claro su vigencia en este segundo ensayo del año abierto para todo el público.
El segundo tramo tuvo como protagonista a O.D.R. (Odiosa Discriminación Racial), banda clave dentro del hardcore argentino, con más de 40 años de trayectoria y un repertorio que atraviesa generaciones. Liderados por el pastor Juan Granados, referente de la Iglesia Punk, el grupo desplegó un set que funcionó como síntesis de su recorrido artístico y espiritual. A lo largo de la presentación sonaron clásicos como “Arde tu interior”, “El fin de los corruptos”, “Resiste por siempre”, “Hasta que la muerte”, “Lucha por seguir”, “El dolor de un niño”, “Dónde te encuentro”, “Cinismo infinito”, “Guerra santa”, “Nuestra última guerra”, “Restitución violenta” y “En el oeste”.

Uno de los momentos más destacados de la noche se produjo durante la interpretación de “El dolor de un niño”, cuando se sumó como invitado Marcelo “Corvata” Corvalán, aportando su impronta y reforzando el impacto de la canción. En sus intervenciones, Granados puso el foco en el valor de la unidad dentro del movimiento rock, recordando una etapa en la que la escena se sostenía desde lo colectivo, antes de los procesos de fragmentación que —según señaló— fueron atravesando al género con el tiempo. La vigencia de sus canciones, muchas de ellas con más de cuatro décadas, se hizo evidente tanto en la respuesta del público como en la potencia del mensaje.
El cierre quedó en manos de Contracultura, banda boliviana liderada por Matamba, que se encuentra desarrollando su primera gira por Argentina. La presentación en Merlo se inscribe dentro de un recorrido que ya incluyó su paso por el Furia Fest de Zárate y Ciro Bar de Martínez, y que continuará por El Club Concert de Mar del Plata, para culminar en el Sick Fest que se realizará en La Cuadra, en Ramos Mejía.
Con una propuesta que articula identidad, mensaje y fuerza escénica, la banda desplegó un set integrado por “Guerrero de fuego”, “La rebelión”, “Esclavo”, “Contracultura”, “Sangre”, “La raza” y “”Cristo va a venir, sosteniendo la intensidad hasta el cierre. Luego de reconocer que la banda no tiene seguidores sino hermanos que forman parte de “la raza”, el cantente bajo del escenario para ratificar esta idea con los hechos en la comunión con el público.
Durante su estadía en el país, el grupo también llevó adelante la grabación de un videoclip en territorio argentino, cuyo lanzamiento será anunciado próximamente. Lo que comenzó como una solución de urgencia terminó funcionando como una reafirmación de identidad en la que incluyó familias con niños. En ese espacio del oeste, la comunidad volvió a encontrarse, sostenerse y proyectarse. En tiempos donde muchas fechas quedan en el camino, Merlo ofreció una postal distinta: la de una escena que, lejos de apagarse, sigue encendiendo nuevas formas de resistencia cultural.
PH: Debora De Santos
